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César Ayala

Chele I: Cuando conoció a Hitler

No quiero dejar sin pasar la oportunidad de hacer pasar a la posteridad algunas de las historias de mi abuelo. Todas ellas, también me parecieron increíbles en su día, pero al final la realidad demostró que eran ciertas.

Inauguramos con una de las más grandiosas, o que narices hacía mi abuelo en la alemania nazi de 1941, en pleno berlín, viviendo en frente de los cuarteles de las SS...

Santander 1940 o principios del 41
Mi abuelo y sus amigos, aburridos de la vida aquí, deciden, en una genialidad, apuntarse todos a la Legión. Con más cojones que pantalones, que se dice. Pero mi bisabuela, que ya había logrado que ninguno de sus hijos fuera a ninguna parte en la Guerra Civil (sobornó a los de los dos bandos para que no la tocaran a sus muchos hijos), cuando se entero, entró en cólera, y como mi abuelo ya había cogido el tren, llamó a Madrid, a un contacto que tenía y le dijo que se los mandará para Santander otra vez al punto.
Y así fue.
Pasaron los días, meses y en 1941, en Puertochico, en Santander, aparecen carteles que animan a los jóvenes a ayudar a los Nazis en la guerra. Y claro, mi abuelo que era técnico en radios (sabía hacer radios de las que suenan) vio allí su oportunidad de largarse de casa...
...y llegó a Berlín en 1941.
Allí les explico a los eficientes burocrátas alemanes que él era técnico en radios. Pero claro, el problema idiomatico apareció y una cosa es lo que dijo mi abuelo, y otra lo que entendieron.
Le pusieron a limpiar los radios de los trenes que llegaban de los frentes. Con un trapo y mucho esmero.
Bueno, la situación era bastante absurda, pero oye, asi son las cosas. Finalmente un amigo que tenia un conocido en el consulado español le dijo que podía hacer entrar en razón a esos nazis cabezacuadradas, para que le pusieran en un puesto mucho mejor, ya que técnicos en radios no es que sobraran. Encantado, mi abuelo fue para el consulado, y tras esperar 4 horas por lo menos, explicó su caso.
Ningún problema le dijeron. Eficacia española al rescate.
Le pusieron a trabajar en una fábrica de muebles haciendo cajas para transportar las bombas de los aviones.
Bueno, que se le va a hacer.
Dormía, junto a la ostia de "ayudantes españoles" en un almacén reconvertido en casa o una casa reconvertida en almacén. Bien cerca de allí, la sede de las SS en Berlín, y pasaba por allí cerca todos los días, y se encontraba a jefazos nazis de los de verdad, no os penséis. Todas las mañanas, a primera hora, les despertaban los disparos que venían de las instalaciones de las SS. Luego, veían agua de mangueras y a las pocas horas (siempre siguiendo un horario), más tiros y más manguerazos. Los de las SS les dijeron que eran pruebas con nuevas armas para ayudar a Alemania en su guerra contra los enemigos de führer y esto y lo otro.

Los bombardeos por la zona berlinesa eran comunes (había mucha fábrica). Cuenta mi abuelo que en una ocasión, vio uno a todo tren. Focos enormes iluminando la noche, sombras de bombarderos y sonaban ostias tremendas. A veces, muy pocas veces, los anti aéreos derribaban algo. Pero no cree que derribaran más de 7 aviones en lo que estuvo allí.
Después de uno de estos bombardeos, se plantó un mandamucho en donde dormian y pidió voluntarios. Mi abuelo, que como ya habréis podido leer, no es que pensara mucho las cosas, dijo "Yo".
Le mandaron recoger los restos humanos de una fábrica que había reventado. Tenía que coger brazos, piernas, cabezas, tripas y lo que se terciara y meterlo en barriles.

En uno de estos días, de su estancia en Nazilandia, me contó que Hitler dió un discurso en la Puerta de Brandenburgo, y que fue a verlo. No entendió absolutamente nada de lo que decía, pero que si le dan un rifle, daba la vida por su Führer sin dudarlo. Así de fuerte era el carisma de Adolfo, y bueno, el estar rodeado de tanto fervor, debe ser contagioso.

Finalmente regresó a España. Pero no por razones morales de "que mala es la guerra" sino porque su madre, hizo que un cura amigo suyo escribiera una carta a mi abuelo, contandole que su mama estaba en el lecho de muerte, que la quedaba muy poco y que su único deseo era volver a a ver a su hijo nazi antes de que el Señor se la llevara.
Mi abuelo recibió la carta y volvió totalmente destrozado todo el viaje de vuelta... para encontrarse con una mama muy sana que le pego una manada de ostias inconmensurable por idiota.
Y así acaba este primer episodio de las aventuras del Chele, conocido también como José Pérez Barandica.
Por cierto, antes de que se me olvide. Los de las SS no probaban ningún arma nueva, disparaban las que tenían en fusilamientos. Debieron de cargarse a varios millares de personas (tirando por lo bajo) en el tiempo que mi abuelo estuvo allí. Lo de las mangueras era para limpiar el patio de casquillos, sangre y cadáveres.
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5 comentarios

gerardo, el chele -

lo de el chele,e s xq en el salvador a las personas blancas se nos llama "chele"
pu q chivo q tu abue lo conocio, como lo envidio ,jaja q bien, eso es el verdadero carisma!!!!

Monty -

Ahora entiendo lo de tu abuelo y el "eso te pasa por comer pescado crudo" :-p
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Darokin -

Joder tio, tu abuelo sería lo que fuera, pero la que era una crack auténtica era tu bisabuela... XDDDD

Y como paso de andar de un texto a otro para poner comentarios, pues lo pongo aquí y a tomar por culo: a mi tambien me encantaban tus criticas de comics del Freak, pese a que yo comics no leo demasiado, o sea, que mola. Y respecto a tu analisis de los blogs en si mismos... jeje... clavao... XDDD

En fin, que otro más para leer a diario :)

Darok.-

Kano -

Joder, tio. Cada post mejora el anterior.

Muy bueno.

Betote -

Ya estaba yo pensando 'a ver cuándo se pone el allala'. Que tus críticas comiqueras en el Freak Times eran muy buenas, y veo que sigues por el camino. Malegro, hombre.
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